Entre el sueño y la deuda: ¿comprar una casa vuelve a ser posible?

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El crédito hipotecario revive en Argentina, pero exige más información, más ingresos y más cautela que nunca. Especialistas bahienses analizan los beneficios y riesgos de un sistema que volvió a escena con fuerza.

Por Pablo Álvarez para LA NUEVA

El crédito hipotecario volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica argentina. 

Después de años de retracción, 2025 marcó un punto de inflexión con más de 44.000 préstamos otorgados y un mercado inmobiliario que comenzó a reactivarse. En 2026, el escenario muestra continuidad, impulsado principalmente por una baja en las tasas de interés que reconfiguró la oferta bancaria y despertó nuevas expectativas en la demanda.

Sin embargo, detrás de esta reaparición hay una realidad compleja: acceder a un crédito para la vivienda sigue siendo un proceso exigente, con múltiples filtros y riesgos que no siempre son visibles en una primera aproximación. La oportunidad existe, pero no es universal.

A partir del análisis de los economistas bahienses Martín Goslino y Mauro Trellini, este informe aborda el fenómeno en profundidad: qué cambió, qué se mantiene y cuáles son los verdaderos desafíos para quienes buscan dejar de alquilar y acceder a la casa propia.

La baja de tasas

Uno de los motores principales de la reactivación es la llamada “puja de tasas”. En las últimas semanas, distintos bancos comenzaron a recortar sus costos para captar clientes en un mercado que muestra signos de recuperación tras el verano. Líneas que meses atrás superaban ampliamente el 10% anual hoy se ubican en torno al 6% o 7% más ajuste por UVA.

Para Goslino, este fenómeno tiene una explicación clara: “Cuando aparece más oferta de crédito, más bancos, más instrumentos, necesariamente las tasas empiezan a bajar porque hay que captar al consumidor”.

El jefe del Centro de Estudios Económicos de la Unión Industrial de Bahía Blanca describe un cambio estructural en la dinámica del sistema financiero: de un esquema con pocas opciones y condiciones rígidas a otro más competitivo, donde el cliente vuelve a ser disputado.

No obstante, advierte que la tasa —aunque relevante— no debe ser el único factor de análisis: “No es gratis que te cedan ese dinero. Siempre hay un interés, y ese interés depende del plazo, del monto, de la moneda y del riesgo que asume quien presta”.

El crédito empieza antes del banco

Uno de los errores más frecuentes en quienes buscan acceder a un crédito hipotecario es pensar que el proceso comienza al acercarse a una entidad financiera. En realidad, según los especialistas, empieza mucho antes.

“El endeudamiento es financiamiento de terceros. Yo recibo dinero que no es mío y que tengo que devolver con un excedente”, explica Goslino.

Ese “excedente” es el interés, pero detrás de esa definición básica hay múltiples variables que deben ser comprendidas en conjunto: capital, tasa, plazo, tipo de moneda, sistema de amortización y evolución de las cuotas.

Aquí aparece uno de los déficits más marcados del sistema: la falta de educación financiera.

“Hace falta muchísima más educación financiera. Desde la escuela secundaria en adelante. No importa qué estudies, es un conocimiento básico”, sostiene el economista.

La falta de comprensión de estos elementos no solo genera decisiones mal informadas, sino también frustraciones posteriores, especialmente en contextos inflacionarios.

UVA: entre la lógica financiera y el riesgo real

El regreso del crédito hipotecario en Argentina está fuertemente asociado al sistema UVA (Unidad de Valor Adquisitivo), que ajusta tanto el capital como las cuotas según la inflación.

Goslino lo explica con una analogía didáctica:

“Es como si te prestaran ladrillos y vos tuvieras que devolver ladrillos. Si el precio del ladrillo sube, es problema tuyo”.

Este sistema tiene una ventaja inicial: permite tasas de interés más bajas. Pero traslada el riesgo inflacionario al tomador del crédito.

“El problema no es la UVA. El problema es la inflación y que los salarios no acompañen”, remarca.

En ese sentido, el descalce entre ingresos y actualización de la deuda es el principal foco de tensión. Si los salarios pierden frente a la inflación, la carga financiera crece.

Trellini introduce una mirada complementaria que relativiza la singularidad del riesgo:

“El alquiler también se ajusta por inflación. En ese sentido, no hay una diferencia sustancial entre alquilar y comprar bajo UVA”.

Esto implica que, en el contexto argentino, la inflación atraviesa cualquier decisión habitacional.

Comprar o alquilar: una decisión más compleja que nunca

El dilema entre comprar y alquilar no es nuevo, pero en el escenario actual adquiere nuevos matices.

Para Goslino, la compra representa una inversión clara:

“Cada cuota que pagás mejora tu patrimonio. En cambio, el alquiler es un gasto corriente que no deja ningún activo”.

Además, destaca el componente de estabilidad: evitar mudanzas, renegociaciones y costos asociados al alquiler.

Sin embargo, Trellini plantea una visión más pragmática desde las finanzas:

“Las razones económicas no necesariamente justifican la compra. Alquilar da liquidez, flexibilidad y evita endeudarse”.

El economista agrega que la rentabilidad inmobiliaria en Argentina suele ser baja en comparación con otras alternativas de inversión.

“La decisión siempre es entre alternativas. No es comprar o no comprar en abstracto, sino qué hago con mis recursos”.

En este punto, el análisis se vuelve necesariamente individual, atravesado por factores económicos, culturales y personales.

El gran filtro: ingresos, estabilidad y perfil crediticio

Más allá de la baja de tasas, el acceso al crédito sigue siendo limitado. El principal obstáculo es el nivel de ingresos requerido.

Hoy, para acceder a un crédito de aproximadamente 100.000 dólares, se necesitan ingresos familiares que superan los 3 millones de pesos mensuales. Además, la cuota no puede exceder el 25% o 30% del ingreso.

“Eso define directamente a qué propiedad se puede aspirar”, señala Trellini.

Goslino va más allá en su diagnóstico:

“Muchas veces las condiciones son para personas que casi ni necesitarían pedir un crédito”.

A este filtro se suma el análisis del historial crediticio, conocido como scoring. Un mal antecedente, incluso menor, puede dejar afuera al solicitante.

“El banco evalúa cómo te comportaste: si pagaste a término, si tenés deudas, si sos confiable”, explica Trellini.

La ilusión de la cuota accesible

Uno de los aspectos más críticos del sistema es la percepción inicial de accesibilidad.

“Cuando uno mira la cuota que le da el banco, ve una tasa del 6% o 7%. Pero ahí no está incluida la inflación”, advierte Trellini.

Esto puede generar una subestimación del costo real del crédito a lo largo del tiempo. Lo que hoy parece manejable puede transformarse en una carga creciente.

El crédito hipotecario no se agota en la cuota mensual. Existen costos adicionales que muchas veces no se contemplan:

–Gastos de escritura, impuestos y comisiones (entre 7% y 10% del valor). 

–Mantenimiento, expensas y seguros. 

–Impuestos recurrentes. 

Además, ningún banco financia el 100% de la operación. Se requiere un ahorro previo de al menos el 20% o 25%.

“La capacidad de ahorro es una señal clave para el banco. Si no la tenés, el crédito no avanza”, se desprende del análisis general del sistema.

Otro aspecto subestimado es la duración del proceso. Desde el primer contacto hasta la acreditación pueden pasar entre 60 y 120 días, o más en contextos de alta demanda.

Este recorrido incluye múltiples etapas: precalificación, análisis crediticio, tasación, aprobación, escritura y registro.

Las demoras pueden generar complicaciones en las operaciones inmobiliarias, especialmente en mercados dinámicos.

Endeudarse en Argentina: ¿riesgo o estrategia?

Tomar un crédito a 20 o 30 años en un país con historial inflacionario genera dudas. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la clave no está en el contexto macro, sino en la situación individual.

“La decisión tiene que ver con la capacidad de pago, no con el país”, sostiene Trellini.

Goslino aporta una mirada más subjetiva pero igualmente relevante:

“Cada uno tiene que ver qué deuda le permite dormir tranquilo”.

Esto implica evaluar no solo números, sino también tolerancia al riesgo, estabilidad laboral y proyección de ingresos.

La reactivación del crédito hipotecario representa una señal positiva para el mercado inmobiliario y para un segmento de la población que vuelve a tener acceso al financiamiento.

Sin embargo, también expone una limitación estructural: el crédito no llega de manera equitativa.

Trabajadores informales, ingresos variables o bajos niveles salariales quedan, en la práctica, excluidos del sistema.

El resultado es un mercado que crece, pero con un alcance acotado.

Entre la oportunidad y la responsabilidad

El crédito hipotecario volvió a ser una herramienta disponible en Argentina, impulsado por la baja de tasas y la competencia bancaria. Pero su uso exige más responsabilidad que nunca.

No alcanza con que la cuota cierre hoy. Es necesario proyectar, analizar y comprender en profundidad cada condición.

Como sintetiza Goslino: “No se trata solo de acceder al crédito, sino de entender todo lo que implica”.

En un contexto donde la inflación sigue siendo un factor determinante, el verdadero desafío no es obtener el préstamo, sino sostenerlo en el tiempo sin comprometer la estabilidad económica personal o familiar.

El crédito, en definitiva, vuelve a abrir una puerta. Pero cruzarla requiere información, planificación y, sobre todo, una lectura realista de los riesgos.

Porque, como sintetizan los especialistas, el verdadero desafío no es acceder al crédito, sino poder sostenerlo en el tiempo.

9 claves para entender (y no equivocarse)

1) Tasas en movimiento

La clave es comparar siempre condiciones, no solo la tasa nominal.

–Banco Nación: desde 6% + UVA (con acreditación de haberes).

–ICBC: 6,9% + UVA.

–BBVA: desde 7,5% + UVA (incluye monotributistas).

–Otros bancos: entre 10% y 15%, con tendencia a la baja. 

2) Cuánto tarda el proceso

–Entre 60 y 120 días, o más en alta demanda.

–Etapas: precalificación, documentación, análisis, tasación, aprobación y escritura.

–A tener en cuenta: puede haber desfasajes de precios entre la decisión y la compra efectiva.

3) Ingresos vs cuota

Se estima que para un crédito de USD 75.000 —equivalente al 75% de una propiedad de USD 100.000—, a 20 años de plazo, se deben acreditar ingresos netos por $3.657.670 entre titulares y codeudores, con un mínimo individual de $1.828.835. En este caso, la cuota mensual asciende a $914.418, con una tasa nominal anual del 6%.

–La cuota no puede superar el 25%–30% del ingreso.

–Error común: buscar la propiedad antes de saber cuánto presta el banco.

4) Costos ocultos

Hay que tener en cuenta que, al costo de la propiedad, deben agregarse Escritura, impuestos, comisiones, que van del 7% a 10% del valor.

Luego, a la cuota mensual, se pueden sumar seguros y mantenimiento. 

5) Historial crediticio (scoring)

Antes de otorgar el crédito, los bancos analizan: deudas vigentes, atrasos, tarjetas al límite, cheques rechazados y Veraz.

Es clave ordenar las finanzas antes de iniciar el trámite.

6) Ahorro previo

El banco financia 70%–80%, por lo que se necesita un mínimo del 20%–25% propio, más los gastos. 

7) Problemas del inmueble

Pueden frenar o demorar la operación: sucesiones sin cerrar, planos irregulares, inhibiciones o las ampliaciones no declaradas. 

8) La letra chica

Antes de cerrar el crédito bancario, se recomienda revisar: la tasa efectiva anual (TEA); el sistema de amortización; las penalidades; los seguros y las  condiciones de cancelación.

Y tener en cuenta que en el UVA, la cuota y la deuda suben con la inflación.

9) Antes de avanzar

Se recomienda asegurarse que el inmueble a adquirir sea apto para crédito hipotecario; comparar bancos; evaluar tasa real (no sólo la inicial); proyectar ingresos familiares; no llevar la cuota al límite y contemplar todos los costos extras u ocultos. 

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